El choque de trenes legislativo está oficialmente declarado. Apenas unas horas después de que la maquinaria de Morena anunciara su respaldo total a la nueva Reforma Electoral, las bancadas del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Senado confirmaron su rechazo absoluto a la iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Desde la Cámara Alta, los legisladores del bloque opositor adelantaron que votarán en contra del dictamen, argumentando que el proyecto no busca mejorar la democracia, sino concentrar el poder y debilitar a las instituciones.

La Defensa de la Pluralidad y el Árbitro
Los senadores del PAN y del PRI centraron su negativa en dos de los pilares más polémicos de la propuesta presidencial:
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El riesgo de silenciar a las minorías: La oposición sostiene que la eliminación de los legisladores plurinominales (de representación proporcional) no es una verdadera medida de austeridad. Advierten que borrar esta figura dejaría sin voz a millones de ciudadanos que no votan por el partido oficialista, creando un Congreso sin pluralidad ni contrapesos.
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Asfixia al árbitro electoral: Los legisladores señalaron que el drástico recorte de presupuesto a la organización de las elecciones es un intento disfrazado por debilitar operativa y financieramente al Instituto Nacional Electoral (INE).
La Batalla de los Votos
La postura inamovible del bloque opositor complica significativamente el panorama para el gobierno federal. Al tratarse de una reforma a la Constitución, Morena requiere forzosamente la mayoría calificada (dos terceras partes de los votos) para que la iniciativa sea aprobada.
Con el PAN y el PRI atrincherados en el «No», sumado a la resistencia que han mostrado los propios aliados de la 4T (el PT y el Partido Verde) por la pérdida de sus plurinominales, la negociación en el Senado se perfila como la batalla política más dura y compleja en lo que va del sexenio.









