Puebla. En un duro golpe para la estabilidad laboral y económica de la región, la histórica planta de herramientas Stanley Black & Decker ha cerrado sus puertas de manera definitiva este jueves 4 de junio, tras 59 años de operación ininterrumpida en el estado de Puebla. La drástica decisión empresarial ha dejado sin sustento a más de 600 trabajadores, sumando a cientos de familias a la ya preocupante estadística de desempleo.
Un cierre sorpresivo e indignante
El cese de operaciones se ejecutó de forma inesperada y opaca. Según testimonios, los trabajadores (tanto operativos como administrativos) fueron citados a primera hora bajo el engañoso pretexto de una reunión general, solo para recibir la devastadora noticia de que la planta no operaría más. De la noche a la mañana, una de las fábricas con mayor arraigo en la industria poblana apagó sus máquinas, dejando a su plantilla en la incertidumbre total.
Competencia voraz y falta de viabilidad
Aunque la corporación multinacional ha evitado emitir un comunicado oficial detallado que justifique el cierre abrupto ante la sociedad poblana, representantes del sector industrial coinciden en que la falta de rentabilidad, derivada de problemas económicos internos y una competencia global insostenible, terminaron por asfixiar las finanzas de la planta. Las autoridades locales y la Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo del estado afirman estar buscando alternativas para reubicar a la plantilla afectada, pero el panorama a corto plazo es sombrío.
Se reporta que las liquidaciones se están llevando a cabo conforme a lo que marca la ley, sin embargo, el pago indemnizatorio difícilmente mitiga el impacto social de perder cientos de empleos formales en una sola jornada. Este cierre masivo es una llamada de alarma sobre la vulnerabilidad del sector manufacturero tradicional frente a las presiones del mercado internacional.