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México ante la guerra en Medio Oriente: Pemex gana, pero la inflación acecha, advierten Chaves y Álvarez

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México se encuentra en una encrucijada económica sin precedentes ante el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, que ha disparado los precios del petróleo. Mientras Petróleos Mexicanos (Pemex) celebra ingresos extraordinarios, el país se expone a una creciente vulnerabilidad inflacionaria y financiera, según advierten destacados analistas como Paula Chaves y Jaime Álvarez este domingo 15 de marzo de 2026.

Un beneficio de doble filo para México

El escenario geopolítico actual, marcado por represalias iraníes y crecientes tensiones en el estrecho de Ormuz –ruta vital para un quinto del petróleo mundial–, ha generado una disparada en los precios energéticos. Para México, esta situación presenta una paradoja. Por un lado, las cotizaciones elevadas del crudo inyectan ‘aire fiscal y operativo’ a Pemex, mejorando sus ingresos a corto plazo, como señala Paula Chaves, analista de mercados financieros en GH Trading. La empresa estatal ha priorizado la refinación local, manteniendo su producción total con socios en 1.65 millones de barriles diarios y reduciendo exportaciones.

‘Es por ello que el papel de México es dual, ya que es un exportador beneficiado por ingresos petroleros, pero con una economía emergente expuesta si el shock energético persiste demasiado tiempo. Ese balance es curioso, porque si el precio del crudo se estabiliza relativamente rápido, México podría absorberlo mejor, pero si el episodio se extiende, el mercado empezará a mirar con más atención la inflación, subsidios, tipo de cambio y crecimiento’, precisó Chaves.

No obstante, la misma analista de GH Trading enfatiza la otra cara de la moneda: la vulnerabilidad de México radica en su persistente dependencia del combustible y de una cadena energética global. Las alzas internacionales pueden traducirse en presiones inflacionarias internas o en un mayor costo fiscal si el gobierno opta por amortiguar el impacto con subsidios. Jaime Álvarez, vicepresidente de inversiones en Skandia, confirma esta tendencia, señalando que el aumento del crudo se refleja directamente en el costo de las gasolinas, con incrementos de hasta 9% ya observados en otros países.

Pese a ser productor, México importa grandes volúmenes de gasolina y diésel, mayoritariamente de Estados Unidos, debido a su limitada capacidad de refinación. Para contrarrestar el impacto directo al consumidor, el gobierno federal ha implementado estímulos fiscales al impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS), absorbiendo parte del incremento. Sin embargo, esta estrategia tiene un precio: una reducción considerable en los ingresos fiscales y una presión adicional sobre las finanzas públicas.

El panorama

El impacto final sobre el gasto público es un delicado equilibrio entre los mayores ingresos por exportaciones petroleras y el costo de las medidas para contener el precio de los combustibles, según detalló Álvarez. La clave para los mercados radica en la duración de este shock. Si se prolonga, la presión inflacionaria será ‘relevante’, encareciendo transporte, insumos y expectativas generales. Por ahora, el mercado sigue debatiendo si este es un choque transitorio o un cambio más duradero en la economía global, con implicaciones directas para la estabilidad económica mexicana.

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