La ola de violencia en Puebla no da tregua y ahora ha profanado un espacio sagrado. La tarde del martes 17 de febrero, un comando armado asesinó a sangre fría a Álvaro Meneses González, un joven de apenas 20 años que realizaba labores de mantenimiento en la fachada de la capilla del Señor de la Misericordia, ubicada en la colonia Buena Vista.
El crimen ha conmocionado a la comunidad no solo por la brutalidad del hecho, sino porque ocurrió a plena luz del día y ante la mirada aterrorizada de varios niños que en ese momento asistían a sus clases de catecismo al interior del recinto religioso.

La Arquidiócesis Condena la «Pérdida de lo Sagrado»
La reacción de la Iglesia Católica fue inmediata y enérgica. A través de un comunicado oficial, la Arquidiócesis de Puebla condenó el homicidio y lamentó profundamente que la violencia haya rebasado cualquier límite moral.
«Cuando la violencia homicida irrumpe dolorosamente incluso en espacios sagrados, se hace aún más evidente la urgencia de unirnos… para romper la espiral de venganza y del odio», señaló la institución religiosa.
Como medida de luto y respeto, se anunció que el templo permanecerá cerrado hasta el próximo domingo, día en que el vicario episcopal acudirá para realizar un acto de desagravio y «limpiar» espiritualmente el lugar tras el derramamiento de sangre.
Sin Detenidos y con el «Efecto Angelópolis» Reciente
Este nuevo asesinato ocurre apenas tres días después del ataque en el bar ‘Sala de Despecho’ en Angelópolis, sumando tensión a la estrategia de seguridad estatal. A diferencia de la rápida captura en aquel caso, hasta el momento las autoridades no han reportado detenidos por la ejecución de Álvaro Meneses.
La comunidad exige respuestas inmediatas, cuestionando cómo es posible que, a pesar del supuesto reforzamiento de la seguridad y la coordinación entre los tres niveles de gobierno, los grupos armados sigan operando con tal impunidad en la capital poblana.
Conclusión: Jornadas de Oración por la Paz
Mientras la Fiscalía inicia las investigaciones, la Iglesia ha convocado a jornadas de oración por el eterno descanso del joven, por el consuelo de su familia y, muy especialmente, por la salud emocional de los niños catequistas que fueron testigos involuntarios de esta tragedia.