La Ciudad de México se encuentra en la antesala de un fenómeno que redefine su panorama inmobiliario: la manipulación del mercado de alojamientos a raíz del Mundial de Futbol 2026. Propietarios de inmuebles, como René Belmont y Eduardo Meaney, están reconfigurando el alquiler residencial, migrando sus propiedades a plataformas como Airbnb y disparando los precios, generando una ola de gentrificación y escasez de vivienda para los residentes locales.

El Mundial como detonante de la especulación inmobiliaria
La capital mexicana es testigo de una drástica reconfiguración del mercado de vivienda. En un escenario pre-Mundial 2026, los contratos de arrendamiento tradicional se acortan o simplemente no se renuevan, mientras departamentos enteros se retiran del alquiler residencial para volcarse a plataformas de estancias cortas como Airbnb. Esta tendencia ha llevado a tarifas por noche que superan hasta seis veces el costo de una renta mensual tradicional.
La expansión de esta dinámica se concentra en las zonas de mayor plusvalía y servicios de la ciudad. Colonias emblemáticas como La Condesa, Roma y Juárez en Cuauhtémoc; Polanco en Miguel Hidalgo; o Del Valle y Nápoles en Benito Juárez, son el epicentro de esta transformación. Allí, unidades habitacionales se integran al mercado turístico, reduciendo la disponibilidad para residentes y empujando a la población a buscar opciones de vivienda en la periferia.
La Secretaría de Turismo federal (Sectur) estima una llegada de 5.5 millones de visitantes extranjeros para la Copa Mundial de la FIFA 2026. Esta proyección no solo impulsa, sino que acelera la forma en que propietarios y anfitriones ajustan el uso de sus inmuebles, buscando captar la jugosa demanda.
Sin embargo, no todo es ganancia. Organizaciones de vivienda y habitantes afectados denuncian que este modelo genera desalojos silenciosos, la pérdida de acceso a rentas asequibles en sus propias zonas y una notable ineficacia en la aplicación de las reglas existentes, como la Ley de Turismo de la Ciudad de México, que busca limitar la expansión de los alojamientos de corta duración.
Los testimonios de dos anfitriones de Airbnb, René Belmont y Eduardo Meaney, ilustran la diversidad de motivaciones y estrategias detrás de esta reconfiguración del mercado.
René Belmont, arquitecto y propietario de dos departamentos en el centro de Coyoacán, una zona cercana al estadio mundialista y de gran afluencia turística, ve sus inmuebles como piezas clave en una expectativa de mercado que ya no se rige por la estabilidad de una renta mensual, sino por la capacidad de maximizar ganancias en fechas específicas. Belmont ha optado por bloquear las fechas del Mundial, esperando el momento oportuno para fijar precios, previendo que la ocupación hotelera casi total obligará a los visitantes a buscar alternativas.
‘Esto nos da bastante demanda y, bueno, para el Mundial realmente aún no sé realmente cuál será el precio de la renta de estos departamentos; lo que estábamos viendo más o menos es que la derrama, o sea, la oferta, pues es bastante alta, los hoteles van a estar como de 99, 100% de ocupación; entonces, la gente va a necesitar otras opciones de hospedaje, las cuales pueden ser, en este caso, un Airbnb, ¿no?’
Su estrategia, explicó, es monitorear el mercado:
‘Muchas propiedades están bloqueadas. Sin embargo, mínimo están al doble del costo que generalmente se oferta. Lo que he investigado es que la renta habitualmente por noche está entre mil 500 y dos mil pesos; en este tipo de eventos, como lo puede ser la Fórmula 1, pues más o menos se triplica el costo de la renta. Entonces, si yo lo estoy rentando en dos mil, aproximadamente se rentaría en seis mil pesos la noche. Tienes que ir midiendo más o menos cómo va la demanda.’
Belmont también reconoció haber ajustado el contrato de uno de sus departamentos para poder liberarlo antes del Mundial:
‘En este caso estaba rentado; si no me equivoco, el contrato acababa a finales de junio, que es justamente el periodo del Mundial. Por eso, al final se habló con el inquilino y el contrato lo hicimos hasta mayo; fue una estrategia comercial, pero por el tipo de contrato con este inquilino.’
Por otro lado, Eduardo Meaney, propietario de un departamento en la colonia Roma Norte, llegó a este mercado tras una experiencia frustrante con el arrendamiento tradicional. Su decisión surgió de la inestabilidad y las cargas administrativas que enfrentó con una inmobiliaria.
‘Mi nombre es Eduardo Meaney, tengo 38 años, nací y crecí aquí en la Ciudad de México, actualmente me encuentro desempleado y estoy organizando un departamento que tengo para ponerlo en renta por Airbnb.’
Meaney explicó:
‘Pues te cobran con un mes de renta, te ayudan porque te investigan, te buscan a la persona, pero al final se lavan las manos y ni se encargan; como ellos dicen, de ser el intermediario entre la inquilina y el dueño, porque cada vez que la renta se atrasaba un poco, yo lo tenía que hablar directamente con la inquilina.’
Su inquilina terminó abandonando el departamento antes de tiempo sin cumplir con la penalización, lo que lo llevó a reconsiderar sus opciones:
‘Fue algo que al final tuve que arreglar un poco solo y tampoco quería yo hacerle la gatada a ella porque tampoco era millonaria, entonces dije: ‘Bueno, ya, basta, te perdono’.’
Fue entonces cuando, al investigar los precios en Airbnb para la semana de inauguración del Mundial (entre el 8 y el 14 de junio), descubrió el potencial de ingresos.
‘Me puse a buscar en esa primera semana del partido de Sudáfrica contra México, que es del 11 de junio (…) vi los departamentos y uno que otro que es así, wow, pero la mayoría la verdad es que están bastante equis, bastante feítos, de hecho; y encontré departamentos cobrando 85 mil por la semana, 100 mil, 150 mil, o hay unos por allá ya de 350 mil.’
Para Meaney, la posibilidad de obtener en una semana lo que antes tomaba meses lo convenció, aunque reconoció la implicación social:
‘Dije: ‘Ay, pero por supuesto, qué estupidez’, al principio decía que yo no quiero ser parte de eso, de la gentrificación, pero la verdad es que nunca he sido una persona que piense demasiado en los demás. O sea, la verdad es que yo creo que cualquier persona que tenga eso lo haría.’
Incluso contempla rentar su propia vivienda y otra propiedad en el sur de la ciudad durante el evento:
‘Sí, la verdad es que sí, porque este departamento yo lo renové para vivir aquí, entonces se podría decir que está en óptimas condiciones; hasta lo podría rentar solamente por ese tipo de fechas del Mundial y luego regresar aquí a mi casa, no sé por qué no lo he hecho antes y creo que para mí funciona bastante.’
‘Es un departamento que está muy cerca de la Universidad ANÁHUAC del Sur; obviamente no va a ser tanto el perfil que está por Airbnb, pero así hay, por ejemplo, en el Mundial se van a estar rentando hasta en 30 mil o 40 mil pesos, por la cercanía con el estadio. Quizás no es la zona más hot, pero también es una zona muy interesante.’
Meaney, aunque parte del fenómeno, busca diferenciarse de los grandes operadores:
‘Yo creo que hay mucho descontento, y yo entiendo, hay empresas como Wynwood que aquí, donde yo vivo, tienen seis, siete, ocho departamentos. Debe hacerse una diferencia porque evidentemente yo no tengo los medios; y, aunque los tuviera, no llegaría a desalojar a la gente que ya es mayor para rentar en Airbnb.’
El panorama
La escala de estas decisiones individuales se ve reflejada en los datos de expansión de Airbnb en la Ciudad de México. Un informe de Inside Airbnb, citado por organizaciones como el Frente por la Vivienda Joven (FVJ), Urbano Memorial y la Coalición Internacional para el Hábitat América Latina (HIC-AL), reveló que la plataforma sumó 770 nuevos espacios en solo seis meses durante el primer semestre de 2025. Esto significa que, en promedio, tres departamentos o casas completas fueron retirados del mercado de alquiler residencial cada 48 horas.
El problema no solo radica en el crecimiento desmedido, sino en su operación: 7,532 propiedades ya exceden el límite de 180 noches anuales para rentas cortas, establecido en la Ley de Turismo de la CDMX. La mitad de estos casos se concentra en apenas 959 anfitriones, mientras que 1,204 propietarios o gestores controlan casi la mitad de los alojamientos disponibles en la capital, evidenciando una concentración empresarial que desdibuja la narrativa del ‘pequeño arrendador’. Al cierre de la publicación, Inside Airbnb registraba 26,294 anuncios activos en la CDMX, con 17,130 (65.1%) correspondientes a casas y departamentos completos, y una tarifa promedio de mil 556 pesos por noche.
Ante este panorama, la llegada del Mundial 2026 no solo promete una fiesta deportiva, sino que acelera una crisis de vivienda que ya afecta a miles de capitalinos. La falta de una aplicación efectiva de la Ley de Turismo y la creciente concentración de propiedades en manos de operadores empresariales, enmascarados bajo la narrativa del ‘pequeño arrendador’, plantean un desafío urgente para las autoridades de la CDMX. ¿Se tomarán medidas contundentes para proteger el derecho a la vivienda de sus habitantes o el fervor mundialista consolidará una ciudad solo para turistas?

