La capital de México es, una vez más, escenario de un tenso pulso entre el magisterio disidente y el Gobierno federal. Maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de Oaxaca, junto con delegaciones solidarias de Chiapas, Quintana Roo y Baja California, se encontraron con un fuerte dispositivo policial este lunes, frustrando su objetivo de instalar un plantón en el emblemático Zócalo capitalino. El choque se produce a menos de 20 días de la inauguración del Mundial de fútbol, un evento que el Gobierno busca resguardar de cualquier interrupción.

Desde tempranas horas, un contingente extraordinario de 800 policías, según cifras del propio Gobierno de la Ciudad de México, esperaba a los sindicalistas en las calles aledañas al Zócalo, cerrando todo acceso a la plaza. Los docentes, que exigen mejoras sustanciales en sus salarios y la derogación de la ley del ISSSTE de 2007, tuvieron que reevaluar su estrategia y a mediodía aún deliberaban sobre dónde establecerse.
Tras la trifulca, que la CNTE acusó de incluir el uso de gases lacrimógenos, el responsable sectorial de Chiapas, Mario Roldán, lanzó duras críticas al Ejecutivo: ‘Aunque digan que gobiernan para los pobres, gobiernan para la clase poderosa y empresarial, porque les importa más un Mundial de fútbol que el reclamo de todo un pueblo. Bastaron dos años del segundo piso [de la autodenominada Cuarta Transformación] para mostrar que son la misma escoria que los regímenes anteriores. (…) Si no hay solución, no rueda su balón’, sentenció. El Gobierno de la Ciudad de México, por su parte, desmintió el uso de gases, asegurando que los agentes ‘solo portan su equipo de protección personal, escudo, casco, rodilleras, coderas y, algunos de ellos, extintores’.
La Secretaría de Gobernación y la de Educación emitieron un comunicado reiterando el llamado al diálogo y la construcción de acuerdos, una dinámica que se ha vuelto recurrente desde la llegada de Claudia Sheinbaum a Palacio Nacional. A pesar de las mesas de negociación, las soluciones de fondo parecen esquivas, llevando a nuevas movilizaciones del sindicato más combativo.
El pasado Día del Maestro, el secretario de Educación, Mario Delgado, anunció una subida salarial del 9% para el magisterio, un gesto que solo encontró aceptación en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), más cercano al partido en el poder. La CNTE ha rechazado esta oferta, considerándola insuficiente y muy lejos del 100% que demandan. ‘Hemos pedido de manera civilizada que escuchen nuestras peticiones y solo se sientan con la parte sindical corrupta y traidora que representa Alfonso Cepeda. Aquellos que sí tenemos la verdad somos recibidos con gases lacrimógenos, a garrotazos’, añadió Roldán, en referencia al senador morenista y presidente del SNTE.
La principal demanda de la Coordinadora, además del incremento salarial, es la derogación de la ley del ISSSTE de 2007. Esta reforma, a la que la propia presidenta Sheinbaum se opuso en su momento, transformó el sistema de pensiones solidarias a uno de cuentas individuales gestionadas por Afores. Los maestros buscan revertir esta medida, y ninguna de las concesiones gubernamentales del último año, como la reducción progresiva de la edad de jubilación, ha logrado apaciguar su reclamo, al considerarlas insuficientes y no abordar la raíz del problema.
El actual escenario recuerda al tenso pulso de la primavera pasada, cuando la Coordinadora amagó con boicotear las elecciones populares de jueces. Ahora, con el Mundial de fútbol a la vuelta de la esquina, un plantón en el Zócalo no solo colapsaría el Centro Histórico, sino que empañaría la imagen que México desea proyectar a los cientos de miles de visitantes extranjeros. La disputa apenas comienza; dentro de una semana, el magisterio y el Gobierno de Morena medirán fuerzas nuevamente con el inicio de un paro nacional indefinido.

