En una escalada verbal que sacude las relaciones transatlánticas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó este jueves de ‘cobardes’ a sus aliados de la OTAN por su supuesta falta de cooperación en el vital Estrecho de Ormuz, epicentro de un conflicto militar con Irán. Sus declaraciones, emitidas desde la Casa Blanca y su red social Truth Social, se producen mientras Washington busca apoyo para asegurar el tránsito en esta arteria clave del comercio petrolero global.

El polémico reclamo de Trump
Trump no se guardó nada al expresar su frustración. Considera que, sin la ayuda estadounidense, ‘la OTAN es un tigre de papel’ y que a sus miembros les resultaría ‘fácil’ contribuir a la seguridad del Estrecho de Ormuz, cuyo tráfico está bloqueado por las amenazas de Irán. La región se encuentra en plena guerra, con bombardeos de Estados Unidos e Israel contra objetivos del régimen iraní, y ataques de Irán a buques comerciales. El mandatario estadounidense afirmó que la batalla para detener a un Irán con capacidad nuclear ‘se ha GANADO militarmente’ con poco peligro para los aliados, pero ahora estos ‘se quejan de los elevados precios del petróleo que se ven obligados a pagar’ sin querer ayudar a abrir el estrecho, una ‘maniobra militar sencilla’ y la única razón de los altos precios del crudo. ‘Sería tan fácil para ellos hacerlo, y con tan poco riesgo. ¡COBARDES, y nosotros lo RECORDAREMOS!’, sentenció Trump.
Además, desde la Casa Blanca, Trump aseguró que a EE. UU. le está yendo ‘extremadamente bien’ en Irán, afirmando que el país persa ‘ya no tiene armada’ tras la ‘neutralización’ de 58 de sus buques en dos días. Reiteró que Estados Unidos no permitirá que Irán obtenga armas nucleares y que sus líderes ‘han desaparecido’, lo cual, irónicamente, gusta a Washington que ‘no tiene con quién hablar’.
La postura dividida de los aliados
La crítica de Trump llega días después de que los aliados europeos de la OTAN, incluyendo Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos, junto con Japón y Canadá, se resistieran a la solicitud de Washington. Aunque expresaron su disposición a ‘esfuerzos apropiados’ para garantizar el paso seguro por Ormuz, dejaron claro que esto no implica un respaldo automático a una operación militar. Varios líderes europeos condicionaron cualquier implicación efectiva a una desescalada o al cese de los combates, reflejando su reticencia a participar directamente en el conflicto.
‘Carecemos del mandato de las Naciones Unidas, la Unión Europea o la OTAN, exigido por la Ley Fundamental. Por lo tanto, desde el principio quedó claro que esta guerra no es asunto de la OTAN’, explicó el canciller alemán, Friedrich Merz.
En la misma línea, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, Kaja Kallas, afirmó que ‘esta no es la guerra de Europa’.
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, declaró que ‘lo mejor’ que pueden hacer los países de la UE es defender el derecho internacional y promover la desescalada, reiterando que ninguno de ellos expresó su voluntad de implicarse en el conflicto.
Europa en la encrucijada energética
A pesar de no ser partícipes directos en la guerra, los aliados europeos sufren gravemente las consecuencias económicas debido a su alta dependencia de la importación de hidrocarburos. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial y gran parte de lo que consume el viejo continente, se ha convertido en una arteria comercial bloqueada por las amenazas iraníes. Antes del conflicto, unos 3,000 buques transitaban cada mes por este corredor estratégico. La Organización Marítima Internacional (OMI) de la ONU ha informado que 20,000 marineros se encuentran varados en el golfo Pérsico, lo que subraya la urgencia de la situación.
El panorama
La brecha entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se profundiza con estas declaraciones, revelando tensiones sobre el rol de la alianza en conflictos fuera de su ámbito tradicional y la gestión de crisis energéticas globales. Mientras Irán insiste en su estrategia de bloqueo, la comunidad internacional enfrenta el desafío de garantizar la seguridad marítima y la estabilidad de los mercados petroleros, con Europa en una posición particularmente vulnerable. La retórica de Trump no solo presiona a sus aliados, sino que también pone de manifiesto la complejidad de coordinar una respuesta unificada a una crisis que amenaza con reconfigurar el orden geopolítico.

