La Ciudad de México fue el epicentro de un diálogo crucial este 21 de abril de 2026, al acoger la segunda ronda de conversaciones bilaterales rumbo a la revisión del T-MEC. La jornada, marcada por la presencia del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y su significativo encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum, generó un optimismo cauteloso, pese a los importantes desafíos que aún quedan por negociar.

La agenda de Greer en la capital mexicana fue intensa y estratégica. Desde su llegada el domingo, el funcionario estadounidense se sumergió en reuniones clave con representantes de la industria acerera y automotriz, sectores directamente impactados por los aranceles de la Sección 232. También sostuvo encuentros con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), el Consejo Mexicano de Negocios y la American Chamber of Commerce of Mexico, buscando un pulso directo del sector privado.
A estas citas se sumaron mesas técnicas sectoriales que abarcaron acero y aluminio, automotriz, agropecuario, farmacéutica, electrónica y dispositivos médicos, cubriendo así la columna vertebral del comercio manufacturero bilateral. Un punto sobresaliente fue el recibimiento de Greer por la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, un gesto político inusual que, desde las negociaciones del TLCAN en los noventa, no se había visto entre un jefe de Estado mexicano y un representante comercial de EE.UU., lo que subraya la importancia estratégica del momento.
La jornada concluyó con otra señal positiva: la confirmación por parte de Ebrard de que la próxima ronda de negociaciones, ya con un formato técnico y formal, iniciará la semana del 25 de mayo, nuevamente en la Ciudad de México. Este paso es fundamental para dar certeza a inversionistas y cadenas de suministro. El equipo técnico del USTR permanecerá en la capital hasta el miércoles trabajando con los negociadores mexicanos en la agenda temática. Este mismo mes, Greer deberá comparecer ante los comités de la Cámara de Representantes y del Senado de EE.UU., y el 1 de junio deberá informar al Congreso estadounidense sobre la continuidad de su país en el T-MEC, de cara a la revisión trilateral del 1 de julio, cuando se incorpora formalmente Canadá.
‘Pero en medio de ese tono constructivo, conviene no perder de vista que nada está garantizado. Los desafíos de fondo son mayúsculos.’
A pesar de estas ‘buenas señales’, como las calificó Enrique Quintana en su columna, la mesa de negociación se presenta cargada de puntos críticos. La agenda arancelaria estadounidense sigue abierta, con las tarifas de la Sección 232 afectando a la industria siderúrgica y automotriz mexicana, y la investigación de la Sección 301 sobre supuesto exceso de capacidad manufacturera. Ante esto, el CCE, la Concamin y el INDEX ya han solicitado la exclusión de México de cualquier medida que derive de dicha investigación, apelando a la integración productiva regional.
Las barreras no arancelarias constituyen otro frente complejo. Washington mantiene expedientes abiertos sobre el esquema energético, las condiciones en telecomunicaciones y la participación privada en la producción de litio en México. Decisiones sobre estos temas, que implican enmiendas legislativas pendientes en el Congreso mexicano, rebasan ya el ámbito de la Secretaría de Economía y requieren el visto bueno de Palacio Nacional.
Finalmente, los temas políticos que trascienden lo comercial, como la reforma judicial y las inquietudes expresadas por funcionarios de la administración Trump sobre la exposición de jueces electos a influencias externas, añaden una capa de complejidad. Todo esto en un apretado calendario de apenas once semanas entre el 20 de abril y el 1 de julio, fecha de la revisión trilateral con Canadá, y con el inicio del Mundial de por medio.
El panorama
Los avances registrados en esta primera fase del diálogo son innegables y deben valorarse. La dedicación de Greer a escuchar a los sectores productivos, su encuentro con la presidenta y la fijación de una fecha para las negociaciones formales marcan un rumbo. Sin embargo, como bien advierte Enrique Quintana, sería un error estratégico confundir el tono constructivo con resultados concretos. El verdadero trabajo apenas comienza, y el saldo final dependerá de transformar esta buena disposición inicial en acuerdos tangibles sobre aranceles, reglas de origen y barreras no arancelarias.

