El mínimo histórico del PRI se ha consolidado rumbo al proceso electoral federal de 2027. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), bajo la dirigencia nacional de Alejandro Moreno Cárdenas, atraviesa una debacle estructural sin precedentes en la política mexicana contemporánea, caracterizada por el desplome masivo de su padrón de militantes y una pérdida constante de respaldo en las urnas.
De acuerdo con registros oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE), el tricolor pasó de registrar 6 millones 764 mil afiliados en 2018 a únicamente 819 mil militantes reconocidos recientemente. Esta cifra oficial representa una pérdida superior al 87.8% de su base ciudadana en un lapso de apenas seis años de gestión.
Factores clave en el mínimo histórico del PRI
El debilitamiento institucional del tricolor no se limita a su estructura interna, sino que se refleja directamente en su representación política y gubernamental en todo el país. Entre las cifras más alarmantes destacan las siguientes:
- Desplome en urnas: En las pasadas elecciones presidenciales, el partido tricolor apenas alcanzó el 9.54% de la votación total nacional.
- Reducción territorial: El instituto político sólo mantiene las gubernaturas de Coahuila y Durango, ambas obtenidas en alianza opositora, frente a los 14 estados que gobernaba en 2018.
- Bancadas disminuidas: En el Congreso de la Unión, el PRI cuenta con únicamente 37 diputados federales y 13 senadores, sus niveles parlamentarios más bajos en casi un siglo.
Asimismo, los pleitos internos y la expulsión o renuncia de liderazgos tradicionales han acelerado el mínimo histórico del PRI. Figuras históricas, legisladores y exdirigentes han señalado que la concentración de facultades en la actual dirigencia fracturó la cohesión partidista a nivel nacional.
Los retos electorales hacia 2027
Para hacer frente a este escenario adverso antes de las intermedias federales de 2027, el partido enfrenta desafíos inmediatos:
- Reconstruir los comités seccionales y recuperar la confianza ciudadana en distritos estratégicos.
- Definir una política de alianzas competitiva o arriesgarse a perder el registro partidista en diversas entidades.
- Frenar la fuga continua de cuadros operativos y bases electorales hacia otras fuerzas políticas.
En conclusión, revertir el mínimo histórico del PRI exigirá una profunda renovación estratégica que permita al tricolor mantenerse vigente en el mapa electoral de México.

