La relación entre el Gobierno Federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha entrado en una nueva fase. La presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado un cambio de estrategia, determinando que ya no se llevarán a cabo negociaciones con los líderes sindicales que han encabezado las recientes movilizaciones magisteriales, optando por establecer un diálogo directo con las bases docentes.
Esta decisión afecta directamente a figuras clave dentro del movimiento disidente. Entre los dirigentes que ya no fungirán como interlocutores ante el gobierno destacan Pedro Hernández Morales, líder de la Sección 9 Democrática en la Ciudad de México y promotor de la eliminación de la Ley del ISSSTE de 2007; y Yenny Aracely Pérez Martínez, la primera mujer en encabezar la poderosa Sección 22 en Oaxaca, organización reconocida por su gran capacidad de movilización.
De igual forma, la medida impacta a Isael González Vázquez, secretario general de la Sección 7 en Chiapas, quien representa a más de 60 mil trabajadores del sector educativo, así como a los diversos liderazgos que integran la estructura fragmentada del magisterio en Michoacán, incluyendo a Eva Hinojosa Tera y Jairo Antonio Mandujano Ortega.
El anuncio gubernamental plantea un desafío significativo para estos líderes sindicales, quienes durante años han sido el rostro de las protestas, marchas y bloqueos. Ahora, frente a la estrategia de la Presidencia de prescindir de intermediarios, deberán reevaluar su capacidad de representación y su rol en la defensa de las demandas laborales de los maestros.

