El mercado laboral mexicano atraviesa un momento crítico. Durante el primer trimestre de 2026, la economía nacional apenas generó 551,651 puestos de trabajo, un descenso significativo que marca la cifra más baja a tasa anual en los últimos quince años, según revelan los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta situación retrotrae al país a niveles de creación de empleo no vistos desde el primer trimestre de 2011, cuando se sumaron 534,469 nuevas plazas.

Especialistas han encendido las alarmas ante este panorama. Gabriela Siller, directora de Análisis Económico y Financiero de Banco Base, advirtió que ‘el mercado laboral de México sigue mostrando un deterioro, consistente con el estancamiento económico’. Esta preocupación se fundamenta en un Producto Interno Bruto (PIB) que se contrajo un 0.6% real y con cifras ajustadas por estacionalidad en el primer trimestre de este año, consolidando tres trimestres de retroceso en los últimos seis.
El estancamiento ha tenido repercusiones directas en la población. La cantidad de personas desocupadas aumentó en 70,471 individuos durante el periodo analizado. Paralelamente, la informalidad continúa su expansión, absorbiendo a 583,153 personas más en el último año, mientras que el empleo formal experimentó un preocupante descenso de 31,502 plazas. En consecuencia, la tasa de informalidad repuntó, pasando del 54.31% en el primer trimestre de 2025 al 54.78% en el mismo periodo de 2026, evidenciando una precarización del trabajo.
Un indicador adicional del debilitamiento del mercado es el crecimiento de la Población No Económicamente Activa (PNEA), que agrupa a quienes no tienen actividad económica ni buscan empleo. Este segmento se incrementó en 1.1 millones de personas a tasa anual. Dentro de este grupo, la población disponible para trabajar disminuyó en 356,000 personas, mientras que la no disponible –compuesta principalmente por mujeres y personas dedicadas a labores de cuidado– creció en 1.5 millones, reflejando desafíos estructurales en la participación laboral.

