Este viernes, en la vibrante capital mexicana, un hito en las relaciones internacionales se materializó con la firma de la actualización del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, rubricaron un pacto gestado tras más de una década de negociaciones, que representa una contundente apuesta por el multilateralismo y la diversificación estratégica ante la incertidumbre global, intensificada por el proteccionismo de EE. UU. y el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

La renovación de este marco comercial, cuya entrada en vigor provisional en su parte comercial se espera en los próximos meses, es vista como una ‘póliza de seguros geopolítica’ para ambas regiones. Así lo destacó Javi López, vicepresidente de la Eurocámara y ponente parlamentario del acuerdo, quien afirmó: ‘La diversificación es una póliza de seguros geopolítica en el mundo actual, especialmente frente a los que usan el comercio y la energía como una herramienta de presión y coercitiva’. Fuentes comunitarias respaldaron esta visión, señalando la cumbre como ‘muy importante debido al difícil momento geopolítico, en el que socios afines como México y la UE deben estrechar lazos’. El objetivo es claro: amortiguar el impacto de decisiones unilaterales e impredecibles de Washington y reducir dependencias de potencias como China en áreas estratégicas como las materias primas críticas.
El acuerdo modernizado se estructura en tres pilares esenciales: comercio, inversión y cooperación sectorial y en seguridad. Bajo el pacto original, vigente desde principios de siglo, el intercambio de bienes y servicios entre México y la UE se ha cuadruplicado, consolidando al bloque europeo como el segundo mayor inversor extranjero en suelo mexicano. La actualización promete la eliminación de la mayoría de los aranceles, afectando a más de 500 productos, lo que, según el eurodiputado López, debería agilizar su tramitación parlamentaria en contraste con otros acuerdos. La dimensión de ‘seguridad’ mencionada por la UE se enfoca en la seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de valor y el suministro internacional, crucial para la revolución tecnológica y la transición energética.
A pesar de que Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de México, absorbiendo más del 80% de sus exportaciones en un intercambio que supera los 900.000 millones de dólares anuales, la decisión de firmar este acuerdo con la UE ha sido calificada de ‘valentía’ por Javi López, especialmente en un momento donde el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) se enfrenta a una revisión en julio. La relación con Washington, bajo el amparo del TMEC, atraviesa un periodo de incertidumbre debido a las políticas proteccionistas y la compleja agenda de Trump en temas de seguridad, migración y comercio. Para Armando García, coordinador del Centro de Estudios Europeos de la UNAM, esta alianza con la UE, lejos de ser una desventaja, fortalece la posición negociadora de México: ‘Este acuerdo permite que nos presentamos como una economía enganchada a otras cadenas de valor lo cual supone un mecanismo de atracción’.
La expectativa del Gobierno de Sheinbaum es ambiciosa: incrementar las exportaciones mexicanas a la UE en un 50% para el año 2030. Los sectores prioritarios incluyen automóviles, dispositivos médicos, manufacturas, maquinaria, componentes tecnológicos y una gama de productos agroalimentarios como café, cerveza, berries, aceites, cacao y legumbres. Más allá de la eliminación de barreras arancelarias, el acuerdo establece un nuevo mecanismo de resolución de disputas comerciales, el reconocimiento recíproco de denominaciones de origen y normativas específicas para el comercio digital, abriendo nuevas vías para las pequeñas y medianas empresas mexicanas en el mercado europeo y brindando mayor certidumbre a las inversiones europeas, que en 2024 alcanzaron los 206.600 millones de euros.
El panorama global, marcado por la incertidumbre comercial y las decisiones unilaterales de las grandes potencias, impulsa a países como México y a bloques como la UE a acelerar sus alianzas estratégicas. La actualización de este acuerdo no solo es un paso comercial significativo, sino una declaración política contundente a favor de la cooperación y la resiliencia económica frente a un futuro incierto. Se prevé la firma de un acuerdo comercial interino y un compromiso de diálogo en asuntos globales durante la cumbre, afianzando aún más esta renovada relación.

