Washington D.C. y Ciudad de México, al unísono, son escenarios de una creciente preocupación empresarial: grandes corporaciones estadounidenses han alzado la voz recientemente, advirtiendo que la solidez del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y el papel estratégico de México como pilar industrial están en riesgo si ciertas políticas internas de nuestro país persisten en debilitar la certidumbre jurídica y el ambiente de inversión.

La advertencia proviene de influyentes cámaras y asociaciones industriales de Estados Unidos, que han manifestado su inquietud ante lo que perciben como señales contradictorias en el entorno regulatorio mexicano, especialmente en sectores clave como la energía, la minería y la manufactura. Estas empresas subrayan que la estabilidad y la predictibilidad son fundamentales para mantener las cadenas de suministro integradas y la competitividad de América del Norte frente a otras regiones, en un momento donde el nearshoring presenta una oportunidad histórica.
‘México es una pieza irremplazable en el engranaje industrial de América del Norte. Cualquier movimiento que mine la confianza de los inversionistas o la certeza jurídica bajo el T-MEC no solo afecta a las empresas estadounidenses, sino que compromete miles de empleos y el futuro económico de ambos países’, señaló John Smith, presidente de la American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham), durante una conferencia de prensa virtual esta semana.
Los empresarios de la Unión Americana insisten en que el T-MEC no es solo un acuerdo comercial, sino un marco de confianza que ha impulsado la inversión extranjera directa y ha creado un ecosistema manufacturero robusto en México. Argumentan que el potencial de atraer más inversión y reconfigurar cadenas de suministro, una oportunidad sin precedentes para México, podría verse seriamente afectado si no se garantizan las condiciones de piso parejo y respeto a las reglas del juego que el tratado establece.
El panorama
La tensión se intensifica conforme se acercan procesos electorales cruciales en ambas naciones, lo que añade una capa de incertidumbre sobre la dirección futura de las políticas. La continuidad de un diálogo constructivo y el respeto irrestricto a los compromisos del T-MEC serán determinantes para asegurar que la relación bilateral no solo se mantenga, sino que se fortalezca, permitiendo a México y a sus socios estadounidenses aprovechar plenamente las ventajas de la integración económica y el posicionamiento de América del Norte como una potencia industrial global en los próximos años.

