La arena política de Puebla Capital es testigo de una escalada de tensiones dentro del Partido Acción Nacional (PAN), donde una abierta confrontación entre la familia Riestra y Genoveva Huerta amenaza con desdibujar las aspiraciones del partido rumbo a las elecciones de 2027. Los acontecimientos recientes, que incluyen un desayuno de promoción de Susana Riestra el 18 de mayo de 2026, han puesto al descubierto las profundas divisiones y los acuerdos rotos que marcan la pauta en el albiazul.

Lo que se gestaba como un rumor de pasillo ha tomado forma de contienda abierta. El desayuno para cientos de madres convocado por el Comité Directivo Municipal del PAN tuvo a una única protagonista: Susana Riestra. Este evento, donde Gaby Ruiz y Manolo Herrera, junto a los delegados del CDM, actuaron como anfitriones, sirvió como una clara plataforma de lanzamiento para las aspiraciones políticas de Riestra, dejando de lado a otras figuras relevantes del panismo capitalino como Genoveva Huerta.
La raíz del conflicto se remonta a la estrategia inicial de Mario Riestra, quien apostaba por la candidatura de Blanca Alcalá para la alcaldía de Puebla. Sin embargo, tras una misteriosa reunión con Alejandro Armenta, el entusiasmo de Riestra por el ‘Plan Blanca’ se desvaneció. Esta vacante fue rápidamente percibida y capitalizada por Genoveva Huerta, conocida por su agudeza política, quien comenzó a moverse para posicionarse como la opción natural para la alcaldía ‘huérfana’.
Este movimiento, sin embargo, chocó con un pacto interno preexistente. El acuerdo era claro: Genoveva Huerta encabezaría la lista plurinominal y sería la candidata propietaria por el distrito 17, con Susana Riestra como su suplente. La activación de Huerta fue interpretada por Mario Riestra como una traición, desencadenando una reacción en cadena.
En respuesta, Genoveva Huerta no se quedó de brazos cruzados. Comenzó a reportar cada una de sus actividades políticas directamente a Jorge Romero, dirigente nacional del PAN. El objetivo era evidente: documentar su trabajo y contrastarlo con las acciones —o inacciones— de Mario Riestra, así como sus acuerdos en Casa Puebla, buscando que el Comité Ejecutivo Nacional tomara nota de sus méritos cuando llegara el momento de definir las candidaturas.
Paralelamente, Susana Riestra, que inicialmente debía conformarse con la suplencia de Genoveva, decidió no seguir en silencio. Junto a Mario, diseñó una estrategia propia: buscar la alcaldía de Puebla. No necesariamente para ganarla, sino para utilizar esa posición de fuerza y ‘pegar en medio’, es decir, arrebatar a Genoveva tanto la plurinominal como la candidatura propietaria del distrito 17. La lógica del castigo es diáfana: si Genoveva rompió los acuerdos primero, argumentan los Riestra, ¿por qué Mario tendría que respetar los suyos? Si la secretaria general juega para sí misma, el dirigente jugará para los suyos, y ‘los suyos’ en este capítulo llevan el apellido Riestra. El desayuno masivo con madres, en el que el Comité Municipal se alineó de manera notoria, fue la prueba pública de esta estrategia.
El panorama político en el PAN de Puebla Capital es incierto y complejo. Este enfrentamiento deja al descubierto tres lecturas fundamentales. La primera es la fragilidad de los acuerdos internos en el partido, donde la palabra empeñada parece valer menos que el papel. Cada bando acusará al otro de haber sido el primero en romper, y ambos tendrán, a su manera, parte de razón. La segunda es el problema que ahora recae sobre el escritorio de Jorge Romero, el dirigente nacional. Con la secretaria general reportándole directamente y el dirigente estatal operando en su contra, el albiazul poblano se encamina a 2027 con la artillería apuntando hacia sus propias filas. Romero deberá decidir si interviene para apagar el incendio o si lo deja consumir lo que pueda. Finalmente, y quizás la lectura más incómoda, es que mientras Mario Riestra y Genoveva Huerta se enfrascan en esta ‘guerra a dentelladas’, Morena observa el escenario con una tranquilidad pasmosa. Sin necesidad de gastar un solo cartucho o un solo peso en operación, la oposición está recibiendo la capital en bandeja de plata, esperando que el PAN se tropiece solo en su propia contienda interna.

