La cuenta regresiva hacia la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026 ha encendido las alarmas en Washington, donde la creciente inversión de empresas chinas en suelo mexicano se percibe como una potencial amenaza a los principios del acuerdo. En las últimas semanas, funcionarios estadounidenses han elevado su preocupación ante la Secretaría de Economía de México, señalando la necesidad de escudriñar estas inversiones para evitar que el país sea utilizado como una «puerta trasera» para evadir aranceles y reglas de origen.

La Presión de Washington y el Dilema Mexicano
La dinámica comercial de Norteamérica se encuentra en un punto crítico. Mientras México se beneficia de la relocalización (nearshoring) de cadenas de suministro, atrayendo miles de millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED), gran parte de ella proviene de compañías chinas que buscan establecerse cerca del mercado estadounidense. Esta estrategia, aunque lucrativa para México en términos de empleo y desarrollo industrial, particularmente en el sector automotriz y de vehículos eléctricos, ha sido recibida con recelo por el gobierno de Joe Biden.
Las autoridades estadounidenses, entre ellas la Representante Comercial Katherine Tai y el Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Brian Nichols, han sido enfáticas en sus comunicaciones recientes. Su principal inquietud radica en que la producción china, una vez ensamblada en México, pueda ser etiquetada como «Hecho en Norteamérica» sin cumplir con los requisitos de contenido regional establecidos por el T-MEC, socavando así los objetivos del tratado.
‘Es imperativo asegurar que los beneficios del T-MEC permanezcan dentro de Norteamérica y que no haya esfuerzos para eludir nuestras reglas. Estamos discutiendo activamente con México cómo garantizar la integridad del acuerdo’, ha declarado la Representante Comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, en recientes reuniones con funcionarios mexicanos, subrayando la vigilancia sobre las inversiones provenientes de terceros países.
Para México, el escenario es un acto de equilibrio delicado. Por un lado, la IED china representa una oportunidad vital para el crecimiento económico y la diversificación de socios comerciales. Por otro, Estados Unidos sigue siendo su principal socio comercial y la relación bilateral es de suma importancia. Ignorar las advertencias de Washington podría tensar los lazos y complicar las negociaciones futuras, incluida la revisión obligatoria del T-MEC en 2026, donde estos temas seguramente serán centrales.
El panorama hacia 2026
A medida que se acerca la revisión del T-MEC, se espera que la presión estadounidense sobre México para que endurezca su escrutinio de la inversión china se intensifique. El gobierno mexicano deberá formular una estrategia clara que le permita seguir siendo un destino atractivo para la inversión global, al mismo tiempo que demuestre su compromiso con las reglas y el espíritu del T-MEC. La capacidad de México para navegar esta compleja geopolítica comercial será clave no solo para el futuro del tratado, sino también para su propia soberanía económica y su papel en el escenario mundial.

