Los ecos de un posible cambio en la cúpula de Morena resuenan con fuerza, pues las versiones sobre la inminente salida de Luisa María Alcalde Luján de la presidencia nacional del partido, para ser sustituida por Adriana Montiel Reyes o Alfonso Durazo Montaño, han cobrado relevancia en el panorama político. Esta situación, marcada por supuestas fricciones en la coalición 4T, podría generar una cascada de reajustes, especialmente en entidades como Puebla, donde la dirigencia local de Morena ha sido calificada de inerte y desvinculada.

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La especulación se intensificó cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo evitó desmentir categóricamente los rumores de un relevo, aunque no escatimó elogios para Alcalde Luján.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se limitó a decir que ‘no tiene información de que se preparen cambios en el Partido de Regeneración Nacional’, tras calificar a Alcalde Luján como ‘una mujer extraordinaria’ y de mucha convicción.
Se baraja que el principal motivo de este presunto conflicto es la incapacidad de Luisa María Alcalde para negociar con el PT y el PVEM la reforma electoral, lo que derivó en su aborto en la Cámara de Diputados y una ríspida relación entre los aliados de la Cuarta Transformación. Con el proceso electoral de 2026 ‘a la vuelta de la esquina’, la urgencia de asegurar una mayoría calificada en el Congreso para futuras reformas constitucionales impulsa la búsqueda de una nueva dirección que ‘rescate’ la alianza.
Morena Puebla: Una dirigencia burocrática y ajena a la sociedad
El posible cambio a nivel nacional abre un debate crucial sobre la situación de Morena en Puebla. La gestión de Luisa María Alcalde es señalada por ‘no haber movido un dedo’ para modificar el ‘deplorable estado’ del partido en la entidad. Morena en Puebla, lejos de ser un movimiento vibrante, es descrita como una ‘simple oficina burocrática’ enfocada en asuntos internos, completamente ‘alejada de movimientos sociales, gremios, agrupaciones campesinas, la lucha por los derechos humanos y los temas de interés público’.
Su operar, alarmantemente similar al ‘viejo PRI’, se caracteriza por estar supeditado al Poder Ejecutivo estatal y proteger el ‘statu quo político’, sin mostrar la ‘más mínima crítica o debate’ sobre la administración de los gobiernos municipales emanados de sus filas. La labor del partido se ha limitado a la instalación de comités y afiliación de nuevos militantes, desinteresada en incidir en ‘temas de justicia, ambientales, de las condiciones de pobreza en el estado y las condiciones de los derechos humanos’. La dirigencia local carece de opinión propia, limitándose a ‘reproducir’ los argumentos del gobierno estatal y fallando en conectar con jóvenes universitarios y clases medias.
El panorama
Para el movimiento obradorista, una renovación en la cúpula nacional de Morena podría ser la oportunidad idónea para revitalizar la ‘anquilosada dirigencia morenista de Puebla’ antes del crucial proceso electoral de 2026, buscando así una mayor conexión con la ciudadanía y una dirección más activa y crítica.

