Un devastador sismo de magnitud 5.9 sacudió Afganistán el 3 de abril de 2026, dejando un saldo trágico de al menos ocho personas fallecidas y un niño herido en Kabul, donde una vivienda colapsó debido a la intensa sacudida. El movimiento telúrico, con epicentro en la cordillera del Hindu Kush, generó alarma y movilizó a las autoridades sanitarias ante la recurrente vulnerabilidad de la región a estos fenómenos.

El potente terremoto, registrado con una magnitud de 5.9, tuvo su epicentro en la cordillera del Hindu Kush, aproximadamente a 150 kilómetros al este de la ciudad afgana de Kunduz, a una profundidad considerable de 177 km, según reportes del Centro Sismológico Euro-Mediterráneo y el Servicio Geológico de Estados Unidos. La sacudida se hizo sentir con fuerza en diversas ciudades, provocando momentos de pánico. Residentes de Kabul, Islamabad, Nueva Delhi, Peshawar, Chitral, Swat y Shangla reportaron haber sentido los intensos temblores.
La Oficina del Gobernador de la provincia de Kabul confirmó inicialmente que ‘al menos seis personas han muerto y una permanece desaparecida después de que un fuerte terremoto sacudiera varias partes de Afganistán, con epicentro en la provincia nororiental de Badajshán’, antes de actualizar la cifra oficial a ocho víctimas mortales y un menor lesionado.
Ante la emergencia, el portavoz del Ministerio de Salud de Afganistán, Sharafat Zaman, informó que todas las autoridades sanitarias en Kabul y las provincias afectadas fueron puestas en alerta máxima para coordinar la respuesta y la atención a posibles afectados. Este evento resalta la constante exposición de Afganistán a desastres naturales; el país, rodeado de escarpadas montañas, lamentablemente registra un promedio de unas 560 muertes anuales a causa de terremotos. Este reciente sismo se suma a un historial complejo, incluyendo un movimiento de magnitud 6.3 que en noviembre pasado dejó al menos 27 fallecidos y la destrucción de cientos de viviendas.
El panorama
La constante amenaza sísmica en Afganistán exige una revisión exhaustiva de las políticas de construcción y planes de contingencia para mitigar el impacto humano y material de estos desastres naturales. Mientras la comunidad internacional se solidariza, la atención se centra en cómo el país, ya afectado por múltiples crisis, enfrentará la recuperación y garantizará la seguridad de sus ciudadanos ante futuros movimientos telúricos.

