Iztapalapa, Ciudad de México. La Pasión de Cristo, la representación que cada año conmueve a miles en Iztapalapa, vive un Viernes Santo histórico el 3 de abril de 2026, al celebrarse por primera vez como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Con Arnulfo Eduardo Morales Galicia interpretando a Jesús y Miriam Sandoval García haciendo historia como la primera voz femenina en la narración, esta centenaria tradición reafirma su legado y fe.

El Corazón de una Tradición Cienmilena
El bullicio de más de 300 personas en la Casa de los Ensayos precede la calma de la oración que da inicio al penúltimo ensayo general. La expectación es palpable mientras Arnulfo Eduardo Morales Galicia, el Cristo número 183 de este viacrucis capitalino, se prepara para cargar la enorme cruz. La procesión, que se extiende entre cuatro y seis horas, recorrerá los ocho barrios de la alcaldía hasta culminar con la Crucifixión en el icónico Cerro de la Estrella.
Los orígenes de esta profunda devoción se remontan a 1687, cuando una esfinge funeraria de Jesús, de camino a Ciudad de México para su restauración, se detuvo en Iztapalapa. Tras un inesperado aumento de peso y tamaño, los pobladores interpretaron que el ‘Cristo de la Cuevita’ había elegido quedarse. Años más tarde, durante una devastadora epidemia de cólera, la fe en esta figura llevó a los lugareños a pedir su intervención. El cese de la enfermedad fue considerado un milagro, dando origen a las procesiones de Semana Santa y la representación del viacrucis que hoy conocemos.
‘silencio’, gritó un hombre con furia en medio del murmullo. Tras ello, una mujer pronunció con voz clara: ‘Les deseo mucha paz. Esta celebración ha crecido y la queremos mucho’. El vicepresidente del Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa A.C. (Cossiac), Joaquín Rueda, comenta la emotividad de los ensayos: ‘A veces la gente llora cuando ensayan la parte de los azotes’. Más tarde, durante una celebración de cumpleaños, Rueda agregó: ‘Somos una familia’, mientras que Luis Alberto Guzmán de la Rosa, secretario del Comité Organizador, reafirmó: ‘Tratamos de fomentar un espíritu de hermandad, porque es el mensaje que transmitimos al público’.
La mítica Casa de los Ensayos, una propiedad que las hermanas Cano Reyes heredaron de sus abuelos, es el epicentro de la preparación. En su patio verde limón, actores y espectadores se congregan. Jair Cruz Peralta, con 16 años participando en La Pasión, ha interpretado varios roles, desde el cuñado de Herodes hasta apóstol. Sin embargo, su papel más recordado y polémico es el de azotador. Peralta relata con humor la reacción del público: ‘Es un papel fuerte. Se dice que trae mala suerte, porque es de los que golpean a Jesús. Sí es fuerte, pero es bonito, porque nadie lo quiere hacer. En la calle te llevas muchas mentadas (insultos), la gente te grita: ‘No le pegues tan fuerte’; ‘Oye, ¿qué te pasa?’. Hace un año, por ejemplo, le di una cachetada que, obviamente, estaba planeada con el actor: le agarro la mandíbula con la mano, lo levanto y lo cacheteo’.
Interpretar a Cristo en Iztapalapa conlleva estrictos requisitos: ser nativo de alguno de los ocho barrios, tener 18 años, ser católico, haber realizado la Primera Comunión, medir al menos 1.75 metros, ser soltero sin compromisos ni hijos, gozar de buena conducta, excelente salud y condición física, no tener tatuajes ni perforaciones, y haber actuado previamente en papeles de reparto o como apóstol.
Este año, la transmisión en vivo por redes sociales estrena dos nuevas voces. Miriam Sandoval García, de 45 años, marca un hito al ser la primera mujer locutora. ‘Tengo sentimientos encontrados; sobre todo, emoción’, confiesa Sandoval, quien desde niña soñó con La Pasión, ‘como la mayoría de la gente de Iztapalapa’. A su lado, Gerardo Granados Juárez, quien interpretó a Jesús en 1995 y vuelve tras 12 años, agrega con una sonrisa: ‘Me recorrí todos los papeles. Ahora soy parte de la Comisión de Honor y Justicia. Allí me puso Dios y pues… es lo que hay y hay que cumplir’. Granados había dejado los escenarios por ‘problemas personales’.
La comisión de Cultura, con Jair Cruz Peralta entre sus miembros, fue clave para la obtención del reconocimiento de Patrimonio. La nueva generación, representada por Luis Zavala López (25) y Dannia Jabnel Guillén Reyes (17), impulsa la estrategia digital. Guillén, cuya tradición familiar es profunda (‘Mi abuelo fue Cristo en 1933’), se dedica a la fotografía del evento, mientras Zavala, el primero en su familia en participar activamente, afirma: ‘Mis padres son católicos, también les gusta ver la representación, pero ellos están simplemente como espectadores. A mí me gusta estar aquí’.
El Panorama
Con la insignia de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la Pasión de Cristo en Iztapalapa no solo intensifica la presión por la perfección en cada detalle, sino que también revitaliza el compromiso de toda la comunidad. El objetivo compartido es claro: que esta costumbre arraigada, una manifestación de fe y cultura que se acerca a los dos siglos de existencia, continúe viva, cruce fronteras y siga emocionando a generaciones, manteniendo en alto el distintivo que la consagra ante el mundo.

