El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha revertido una controvertida decisión, ordenando el acceso inmediato del cardenal Pierbattista Pizzaballa a la histórica Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, después de que se le impidiera celebrar la misa de Domingo de Ramos el 29 de marzo de 2026, lo que generó una fuerte condena internacional.

Tensión en Semana Santa y condena global
La restricción, aplicada por la policía israelí bajo argumentos de seguridad, marcó un precedente al impedir por primera vez en siglos que una autoridad religiosa católica encabezara el inicio de la Semana Santa en uno de los lugares más sagrados del cristianismo. La comunidad internacional no tardó en reaccionar. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, calificó el incidente como una ‘violación de la libertad religiosa’, una postura apoyada por naciones como Italia, Francia y España.
Netanyahu, en un intento por justificar la medida, explicó a través de redes sociales que ‘la decisión se tomó en medio de una escalada de tensión en Jerusalén, tras ataques con misiles atribuidos a Irán’. Aseguró que ‘fragmentos de proyectiles impactaron cerca de la basílica, lo que llevó a solicitar temporalmente a fieles de distintas religiones evitar acudir a sitios sagrados’, y añadió que la medida buscaba ‘proteger a los asistentes’, aunque reconoció la preocupación generada por impedir la ceremonia religiosa.
Tras la ola de indignación, el mandatario israelí instruyó a las autoridades competentes a permitir el ingreso sin restricciones al cardenal Pizzaballa. Con esta acción, el gobierno israelí busca mitigar la polémica y asegurar que el patriarca latino pueda oficiar los servicios religiosos pendientes.
El panorama
Este incidente subraya la delicada situación en la región, donde el conflicto en Oriente Medio eleva constantemente la preocupación por la seguridad en puntos neurálgicos de Jerusalén. El Patriarcado Latino de Jerusalén había denunciado la prohibición como un hecho inédito, destacando la tensión religiosa que permea el ambiente en momentos cruciales del calendario litúrgico.

