En un giro estratégico de la guerra con Irán, el presidente Donald Trump ha encomendado a la Marina de Estados Unidos las tareas más delicadas y arriesgadas del conflicto: bloquear todos los puertos iraníes y limpiar de minas el estratégico estrecho de Ormuz. Esta ofensiva marítima, que busca estrangular el flujo de efectivo de Irán y asegurar el comercio energético global, marca un punto de inflexión seis semanas después del inicio de las hostilidades.

Un Bloqueo Total y su Impacto Global
La directriz de Trump, que entró en vigor el lunes a las 10 a.m. hora de Miami, abarca todos los puertos iraníes, incluyendo aquellos fuera del vital estrecho de Ormuz, un corredor esencial para el comercio energético global. Además, el mandatario extendió la misión para interceptar en aguas internacionales a cualquier embarcación que haya pagado ‘peajes’ ilegales a Teherán, una medida que Irán implementó para garantizar el paso seguro.
El objetivo primordial es ejercer una presión económica máxima sobre Irán, cortando su principal fuente de ingresos derivada del comercio energético. Sin embargo, para estabilizar el suministro global de energía, la Marina de EE.UU. también debe enfrentar la ardua tarea de desminar el estrecho de Ormuz, donde Irán ya ha comenzado a colocar minas. Las operaciones de desminado se iniciaron el sábado, con dos destructores estadounidenses de misiles guiados que ingresaron al estrecho para ‘crear las condiciones necesarias’ para la remoción. Este cambio de enfoque del conflicto, predominantemente aéreo hasta ahora, marca un punto de inflexión hacia una guerra naval compleja y de alto riesgo, según analistas.
La Estrategia Detrás del Bloqueo Marítimo
Un bloqueo es una herramienta híbrida de guerra económica y cinética. El Manual de Newport sobre Derecho Naval lo define como la ‘captura de contrabando y la captura o destrucción de propiedad enemiga encontrada en el mar’, buscando privar al adversario de ingresos y bienes esenciales para su esfuerzo bélico. Para ser legal, un bloqueo debe ser declarado, notificado, eficaz, imparcial y no debe bloquear el acceso a puertos neutrales ni estrechos como Ormuz para el tráfico no relacionado con el enemigo.
‘También he dado instrucciones a nuestra Marina para que localice e intercepte a todos los buques en aguas internacionales que hayan pagado un peaje a Irán. Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro en alta mar’, declaró el presidente Trump este domingo.
Cerrar los puertos iraníes, concentrados en Ormuz, es ‘procedimentalmente difícil, pero factible si Estados Unidos tiene superioridad marítima’, afirmó Carl Schuster, excapitán de la Marina estadounidense. Sin embargo, esta superioridad no está garantizada. Irán posee una capacidad considerable de contraataque con minas, pequeñas embarcaciones con misiles, drones de superficie y aéreos, así como misiles de crucero terrestres y antiaéreos portátiles.
Yu Jihoon, investigador del Instituto Coreano de Análisis de Defensa, calificó el bloqueo como de ‘alto riesgo’, advirtiendo que ‘si Irán lo acepta como una violación de su soberanía o una expansión de facto de la guerra marítima, la posibilidad de un conflicto militar local podría aumentar’.
Para asegurar el éxito, el almirante retirado James Stavridis sugirió la necesidad de al menos dos grupos de ataque de portaaviones y una docena de buques de superficie fuera del Golfo, más seis destructores dentro, apoyados por armadas aliadas como las de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Schuster detalló que los equipos de abordaje, compuestos por 10 a 14 personas, son clave para tomar el control de buques mercantes, estimando que dos destructores podrían capturar hasta seis barcos al día. Antes de la guerra, 130 buques transitaban diariamente por Ormuz, transportando una quinta parte del petróleo y gas mundial.
Jennifer Parker, exoficial de la Marina Real Australiana, anticipa que EE.UU. optará por la incautación bajo el ‘derecho internacional de las presas’, permitiendo la captura de buques y mercancías enemigas, e incluso neutrales si contribuyen al esfuerzo bélico. Esto se traduce en una ‘interferencia selectiva con el transporte marítimo’, como ella lo escribió en X, para influir en las rutas y reducir el control iraní.
Desafío Submarino: La Guerra de las Minas
La amenaza de las minas es omnipresente. Irán ha desplegado varios tipos en Ormuz: desde las tradicionales ‘de contacto’ hasta las ‘de influencia’ (activadas por electricidad estática), ‘magnéticas’ (por cambios en la firma magnética), ‘acústicas’ (por ruidos de barcos) y ‘de presión’ (por cambios en la presión del agua). Algunas son complejas, con combinaciones de estos tipos y contadores que permiten el paso de varias naves antes de detonar, lo que dificulta su detección y neutralización.
Las operaciones de desminado, que Schuster cree que serán realizadas por drones submarinos, buques de combate litoral con sistemas antiminas y helicópteros, buscan cortar los cables de las minas ancladas o imitar las firmas de los barcos para detonar minas de fondo de forma segura. Sin embargo, la Marina de EE.UU. enfrenta limitaciones, habiendo dado de baja sus dragaminas especializados el año pasado. Alessio Patalano, del King’s College de Londres, subraya que Washington ‘probablemente dependería de más aliados y socios de los que uno podría suponer’ para esta misión crítica.
El panorama
La escalada en el estrecho de Ormuz no solo pone a prueba la capacidad militar y estratégica de la Marina de EE.UU., sino que también intensifica la incertidumbre en los mercados energéticos globales. Con Irán listo para contraatacar y la necesidad de una coalición internacional para el desminado, la región se prepara para un capítulo decisivo en este conflicto, donde la diplomacia parece ceder terreno ante la acción naval directa y sus impredecibles consecuencias.

